lunes, 16 de enero de 2012

La Edad Media: la épica.

6.- La épica.

6.1.- Definición.
El género literario que conocemos como épica se manifiesta en la Edad Media y en las lenguas romances por medio de los llamados “cantares de gesta”. Éstos reciben con propiedad el nombre de “cantar” porque no estaban destinados a la lectura, sino al canto o la recitación. Se los conoce con el nombre genérico de “épica medieval” para distinguirlas de la antigua clásica y de la posterior renacentista; y también “romance” para “señalar la lengua, en esta ocasión histórica, en que la dominante es el latín”, como ya hemos escrito. A lo que habría que añadir todavía el dictado de “popular” con que generalmente se la designa para señalar positivamente dos rasgos: primero, el que fuera dirigida a todo el pueblo sin discriminación, entendido en su más amplio sentido social, desde el rey al más humilde lugareño; segundo, que tratara fundamentalmente de asuntos contemporáneos y, por tanto, perfectamente inteligibles para todo género de oyentes sin especial información o preparación.
La épica puede entenderse como el arte de propaganda de la clase dominante feudal, arte de origen germánico y desarrollado, precisamente, entre pueblos con tales raíces, como es el caso de Castilla. La épica es un arte público, oral y juglaresco, y subsiste como tal mientras subsiste la sociedad a que pertenece, el mundo cerrado y orgánico del feudalismo. La idea de totalidad es de esencial importancia en la épica, y aparecerá encarnada en un héroe que, a la vez que se afirma a sí mismo, representa los intereses particulares de su clase o fracción de clase y los valores reales o míticos de su comunidad. Así, el héroe épico no es un individuo; su destino es el destino de la comunidad a la que pertenece. Por otro lado, es evidente que en muchas ocasiones el claro intento propagandístico de los poemas épicos castellanos se une con las alabanzas a un cierto monasterio, a favor de los intereses económico-políticos del mismo, que aparecerá inextricablemente enlazado con la historia del país. Así el Poema de Fernán González se vincula con el monasterio de San Pedro de Arlanza y el Poema de Mio Cid con el de San Pedro de Cardeña1.
Podríamos decir que la épica medieval es una narración heroica en verso (su equivalente en prosa es la saga) y cuyo objeto esencial se ha definido como la “persecución del honor a través del riesgo”. El poeta épico aborda las hazañas de un héroe, individual o colectivo, en la mayoría de los casos fuertemente arraigado en su contexto comunitario.
Pueden distinguirse dos tipos de épica:
-Épica culta (medieval y renacentista), que entronca con la Eneida. Escrita en latín en la Edad Media, con alguna excepción, como el Libro de Alexandre (sobre el siglo XIII).
-Épica heroica: poemas dirigidos a una audiencia popular, compuestos oralmente o por escrito.
La diferencia esencial entre la épica literaria y la heroica, no ha de buscarse en el autor o en el tema (aunque pueda haber alguna diferencia en casos particulares), sino que ha de buscarse, más bien, en el público y en la tradición en la que los poetas se hallan inmersos.
Deyermond defiende que la Edad Heroica debe situarse a comienzos de la independencia de Castilla (en torno al año 1000), y que no fue sólo fuente de inspiración sino el periodo en el que los poemas se originaron.

6.2.- Teorías acerca del origen de los poemas épicos.
Dos son las teorías que proponen una explicación al origen de los poemas épicos medievales:
Individualista: defendida por el francés Bédier y que sostiene que los grandes poemas épicos, como el Roland o el Mio Cid son obra de autores individuales; los poemas habrían sido escritos varios siglos después de los sucesos en ellos narrados, siendo obra de poetas cultos, de carácter clerical que tomaron los datos necesarios para sus obras de fuentes escritas, conservadas en alguna abadía o monasterio.
Tradicionalista: las doctrinas básicas de los neotradicionalistas postulan acerca de la épica hispánica un desarrollo continuo desde la época visigótica, en el que por esencia, no accidentalmente tan sólo, se da el anonimato; la épica se originó simultáneamente a los sucesos que narra y sufrió sucesivas reelaboraciones (la épica “vive en variantes y refundiciones”); al tiempo de su composición -dicen- se mantuvo fiel a los eventos históricos, si bien las refundiciones posteriores abrieron la puerta a gran número de elementos de ficción; defienden, por último, que los poemas épicos fueron compuestos por juglares, sin influjo eclesiástico alguno, o que, en otros términos, se trata de obras de autor e inspiración populares y laicos por completo.

6.3.- Los juglares
Un elemento fundamental para entender la poesía épica medieval es el juglar. Éste ejercía muy diversas actividades, y el difundir las creaciones épicas es posible que no fuera de las más importantes, aunque a nosotros nos interesa ahora especialmente: con su carga de relatos y de noticias, que representaban el lado informativo de su actividad, vino a constituir al mismo tiempo, durante siglos, una de las contadas diversiones con que el pueblo podía solazarse. En conjunto puede decirse que el juglar era a la vez la información y el espectáculo. Porque juglares los había de muchas especies, según fuera su habilidad y su público, y poseían recursos muy diversos: hacían pantomimas, bailes, acrobacias y juegos de manos, se acompañaban de animales amaestrados, tocaban diversos instrumentos y llevaban frecuentemente consigo mujeres para el baile o el canto, que hacían más deleitosas sus actuaciones. Éstas lo mismo tenían lugar ante míseras gentes aldeanas que en las cortes de reyes y de nobles, en fiestas, bodas y bautizos, conmemoraciones y solemnidades” [Alborg, I, 38].
Los juglares influyen de manera fundamental, al parecer, en los textos épicos conservados puesto que “según los gustos del auditorio, añade, suprime y modifica versos o pasajes completos”, llegando a aportar variaciones de su propia cosecha para alargar o detallar algún pasaje especialmente popular. Si tenemos en cuenta que los poemas conservados parecen resultado de un dictado se explican algunas variaciones en la medida de los versos, aunque autores como Deyermond2 sostienen que los textos conservados se corresponden, sustancialmente, con los compuestos por los poetas. Si se aplica la teoría tradicionalista, es evidente que esta afirmación carecería de sentido.
6.4.- Poemas épicos según el tema.
De acuerdo con los temas abordados por los cantares de gesta podemos proponer una clasificación de estas obras en dos grandes grupos:
I. Épica carolingia:
-Roncesvalles: trata el tema de la Chanson de Roland y la derrota de la retaguardia de Carlomagno a manos de los árabes.
-Mainete: narración romántica de la juventud de Carlomagno.
-Bernardo del Carpio: cuenta la rebelión de un noble leonés contra su rey, que prestó colaboración a Carlomagno.

II. Poemas en torno a los primeros condes autónomos de Castilla:
-Poema de Fernán González: (hacia 1250, cuaderna vía); narra la vida de Fernán González (915-970), héroe que lucha contra moros, navarros y leoneses.
-Cantar de Fernán González: (perdido).
-Los siete infantes de Lara.
-La condesa traidora.
-Romanz del Infant García.
-El abad don Juan de Montemayor.
-Cantar de Mio Cid.
Sin embargo las obras arriba citadas, apenas conservamos parte de la producción épica castellana. De la mayor parte de ellas tenemos noticias a través de los textos históricos escritos desde 1236 hasta mediados del siglo XIV, entre los que destaca la Primera Crónica General, de Alfonso X o la Crónica de Castilla. Estas obras utilizaron los poemas como fuentes históricas, copiándolos y permitiendo que así tengamos noticias de ellos. De este modo sabemos de la existencia de poemas como el Cantar de los Siete Infantes de Lara, del que se han reconstruido unos 550 versos, o La condesa traidora o Mainete. Conservamos un fragmento del Cantar de Roncesvalles (cien versos), el Poema de Fernán González, las Mocedades de Rodrigo y el más conocido Poema de Mio Cid.

6.5.- El Poema de Mio Cid.
El Poema ha llegado hasta nosotros en copia única, hecha en 1307 por un tal Per Abbat, pero debió ser compuesto hacia 1140. Consta de 3730 versos, y al códice que lo contiene le falta la hoja del principio y dos en el interior. Menéndez Pidal ha reconstruido el texto de estas lagunas tomándolo de la prosificación del Cantar hecha en la Crónica de Veinte Reyes, versión casi idéntica a la copiada por Per Abbat.
Según Menéndez Pidal el Poema puede dividirse en tres partes que él ha denominado Cantar del destierro; de las bodas de las hijas del Cid; y de la afrenta de Corpes.
En el poema pueden apreciarse tres niveles estructurales que, entrelazados, producen un falseamiento de la Historia y una mitificación de Rodrigo y Castilla:
-Político: Castilla frente a León, lo germano frente a lo romano.
-Socioeconómico: el enfrentamiento de varios grupos sociales con la oligarquía aristocrática cortesana. El Cid pertenece a la clase de los infanzones, pequeños nobles todavía ligados personalmente a la economía agraria. En el poema se insiste en el hecho de que lo que hace Rodrigo es ganarse el pan, señalando así la diferencia entre la aristocracia, por un lado, y los infanzones, la burguesía y las masas populares, por otro.
-Individual, del héroe: el Cid, desterrado ha de recuperar su honra [el Poema comenzaría con el Cid yendo a cobrar las parias a los moros andaluces, su enfrentamiento con el noble García Ordóñez, castellano, y la venganza de éste que acusa al Cid de haberse quedado con parte de los tributos, provocando el destierro del Cid].
El tema principal del poema está centrado en el honor del Cid y la estructura de la obra se define en la alternativa de la pérdida y la restauración del mismo. Su prestigio público o político se ve destruido por el encono del rey y el destierro, y se restaura por la conquista de Valencia y el perdón del monarca. El Cid está en una cumbre más excelsa ahora que antes del exilio, pero esto conduce a la pérdida del honor, desde el punto de vista familiar o sexual, mediante el ultraje de que son objeto sus hijas. Esto, a su vez, lo impulsa a la venganza que pone su honor en punto tan alto como nunca antes había alcanzado. La ironía juega un papel fundamental en el texto ya que en dos partes fundamentales, “puntos de inflexión del hilo argumental”, las decisiones de los enemigos del Cid en contra de éste provocan su éxito más rotundo: el destierro lo convierte en señor de Valencia; el deshonor de los infantes acaba emparentando al Cid con los reyes de España.
1 Fue táctica preferida, en efecto, de iglesias y monasterios medievales el estimular el interés de peregrinos mediante colecciones de reliquias de un santo o de algún héroe nacional, y, mejor aún, por su tumba. Ahora bien, si tal héroe se conmemoraba en un poema épico, tanto mejor, y más de un poema épico se compuso con estos propósitos”, Deyermond, p. 77.
2 “El papel de los juglares afectó a la ejecución de la épica, no a su composición en ninguno de los poemas que conservamos. En sus realizaciones, los juglares parece que se apoyaron mucho más en la memoria y menos en la improvisación que los cantores de la Yugoslavia moderna [Parry y Lord]. Improvisaron, a lo que parece, en algún que otro pasaje, y el dictado a los escribas produciría también cambios, pero los textos que poseemos hoy en día (tal es la impresión) parecen ser sustancialmente los que compusieron los poetas, a base de fundir elementos populares y cultos, y haciendo uso individual -sea hábil, sea torpe- de la tradición formularia”, Deyermond, pp. 100-101.

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